UN RINCÓN DE MUNDO DONDE EL SOL ALUMBRA PA’ ATRÁ

Anónimo
Selección Adultos

 

Despierto de pie en esta niebla llena de huellas. Huellas de otros que hace años, al igual que yo, se sumergieron en ella y se preguntaron por el olvido.

Es que esta cortina espesa borra cosas: el encuentro entre el mar y el cerro, entre el cerro y el cielo, entre el mar y mis pies. Borra el tiempo también. Se borra el antes y el después y aparecemos todos juntos en esta playa infinita. En una esquina aparecen chonos en dalcas, por la otra amariza una avioneta, tan pequeña, tan endeble. A mi lado está la juventud de mis vecinas hurgando entre la niebla por el pelillo, lo sacan al pateo y alrededor de ellas aparecen sus familias, todos en una: acarreando, secando, metiendo en sacos, tirando juntos la araña al agua. Al otro lado aparecen los que todavía no han llegado, bailan en la niebla armando formas que no entiendo y que al rato también se borran. Por esas cosas extrañas no se borra la luz. Luz todavía hay, pero no nos toca, solo enciende de gris la niebla.

No sé bien qué hago acá, los chonos me dicen que me espere (o eso creo que hacen) pero me estoy pasando de frío y me come el abrigo la humedad.

La niebla, ahora colchones de nubes, deja ver un poquito de fiordo, un poquito de cerro, nada de cielo. Mis pies aún están perdidos en estos algodones y no sé si es arena o agua lo que los sumerge.

Entonces escucho los remos.

De memoria levanto la vista hacia el sur y ahí viene mi bisabuelo, hecho un lolo, acercándose en su chalupa de madera abriendo niebla. Queda ahí, adelantito mío en el agua, y me saluda:

– Hola mono ¿Qué haces acá?

Y no sé. Ni idea. Balbuceo algo del viento, la lluvia y el frío, pero me mira y se sonríe. No es eso. A ratos yo también me borro y me olvido. Qué hago acá. Porqué elegí quedarme en este rincón de mundo y no en otro. Estoy tan lejos de todo, hasta el ánimo me arma goteras y no hay sol, solo esta luz gris, pegada al horizonte que no levanta por días y días y es como si no amaneciera más. Y yo: pataleta y maña. Él se ríe y empieza a revolver los bolsos y sacos de su botecito, en eso saca una cajita de crayones y me la pasa.  Yo lo miro sin entender.

– Pa’ que en la tardecita te vaya’ a colorear la barra y venga el sol.

Me pone la manito en la frente, agarra sus remos y se manda a perder de nuevo entre la niebla. Me quedo con los crayones en la mano y el desconcierto en la cara.

En la tarde me voy caminando por la playa hasta llegar a la barra (porque hacerle caso al viejo siempre) y me siento con mi cajita de crayones sin saber qué hacer. El día sigue oscuro, gris, frío y pegado al piso.

En eso el viento empieza a patinar en círculos y las olitas de la barra: métale voltereta. Se me hace como que hay figuras en el agua. Gentes y criaturas. Entre esas sale de nuevo la chalupa con mi tata. Yapue’ yapue’ me hace con las manos y saco los lápices y los levanto a lo loco, ni idea pa’ qué. Él parte remando al horizonte a levantar las nubes buscando el sol. Lo pilla cerquita del mar y lo empieza a estirar. Lo trae hasta mí (que sigo agitando los brazos sin ningún criterio) me envuelve los lápices y empieza a mandarle brochazos a las nubes. Arma bruta pintura con unos rojos y rosados imposibles sobre un mar dorado. En eso me sube a la chalupa y con el sol todavía en la mano pasamos por encima del bosquecito, por encima del estuario y del cerro y lo deja plantao’ allá arriba alumbrando los corderitos azules, en un espectáculo que no se puede creer. Me mira muerto de la risa y me devuelve a la playa, mientras los vientos van dejando ver el cielo para los días de calma y calor.

– Dime mono ¿En qué otro rincón del mundo vai a encontrar un sol que alumbre pa’ atrá che?

FENÓMENOS DEL CIELO PRESENTE EN EL CUENTO

Colorea la Barra

Arco de luz en medio de la niebla que ya se va levantando.

Colorea la Barra

Niebla cerrada sobre la playa

Colorea la Barra

Colorea la Barra

Colorea la Barra

El sol alumbrando para atrás.