Camino de Tormentas
Anónimo
Selección Adultos
Las mujeres de Marín juntan obra cada día: Leña, huerto, comida, familia.
La obra les invade el cuerpo como la broma. Les gasta las manos, les desafía con surcos las piernas, desabrocha incansable su lumbar, pero ellas… ahí: a la obra todos los días. Y hay días malos y han habido días peores, pero ellas… ahí, atravesando monte con la obra a cuestas.
A las mujeres de Marín el invierno las decanta, les corre cortinas de lluvia por encima y les revuelve el ánimo con un viento oscuro. Eterno, les pide más: más cuerpo, más columna, más aguante, más obra y ellas se quedan. Si la naturaleza no las tumba, nadie las tumba.
Permanecen en una isla de arena donde la raíz se desprende, no agarra, donde las esperanzas de tanto en tanto se inundan y la obra se azumaga. Pero ellas… ahí, se amarran unas a otras, se tejen a los árboles y le dan cara al temporal, no hay otra forma. A veces guardan el viento en los ojos y se les pone salvaje la mirada.
A las mujeres de Marín el bosque se les mete en los pulmones, les oxigena los malestares, embosca las penas, pero no le hace nada a la salvajería y se crían, crecen y envejecen así, con el monte enredado en los latidos.
En las ventanas de sol, las mujeres de Marín ponen la obra en la playa a secar, ponen las esperanzas también a secar. Se sientan una al lado de la otra, ceban un matecito y permiten que el atardecer les endulce la mirada.
Cuando una mujer de Marín muere:
Cuando una mujer de Marín muere, el cielo arma caminos de nubes donde se juntan las señoras que ya partieron. Se desatan tormentas, dice la gente.
Cuando una mujer de Marín muere se libera la obra, los cansancios, los malestares, las cargas, los dolores de otros que también eran obra, la leña, la casa, el huerto, la familia, el cuerpo que también era obra. Se liberan y el viento frío las eleva, cargan el aire y lo electrifican.
Cuando una mujer de Marín muere sus comadres la reciben desde los cúmulos más altos y desatan la fiesta. Rayo, trueno y luz. Mujeres de algodón, ligeras y tremendas, riéndose en lo alto iluminan salvajes la noche en bienvenida.
Cuando la fiesta termina se van libres y livianas hacia la cordillera. Le darán un par de vueltas al mundo hasta que el tiempo reclame a la siguiente. Aunque a veces vuelven antes. A veces hay que recordarles a las crías, allá abajo, que ellas también son tormenta y que nada las tumba.
FENÓMENOS DEL CIELO PRESENTE EN EL CUENTO
Cielos cerrados y oscuros.
Cortina de lluvia en el estuario.
Tormenta eléctrica. Rayo sobre el estuario.
Nubes pintadas después de la tormenta.